Si hay creadores, también hay destructores...

martes, 15 de febrero de 2011

Todo

Recuerdo tus ojos,
Fugaz estela de colores brillantes,
Serenos como la mar,
Constructores de ilusiones,
Incansables e inalcanzables,
Recuerdo nítido de algo fugaz,
Algo de colores brillantes.

Fantaseo tu esencia,
En todas sus dimensiones,
Desde el perfume de tu cuello,
Hasta tu alma uniforme,
Pasando por experiencias mágicas,
Por tu cuerpo y tu esplendor,
Recorriendo incesante
Cada gota de tu sudor,
Y en mis fantasías,
Toda tu dimensión
Con radiante fulgor.

Visualizo tu sonrisa,
Tan serena y cautivadora,
El anhelo de siempre verte
El placer, mi divina pasión, de tenerte,
Sin que astros juguetones,
Testigos de nuestras veladas,
Jocosos divulguen por doquier,
Los secretos que resguardan,
Nuestra cama y vuestra piel,
Un todo tan sereno, cautivante,
Y de colores, colores muy brillantes,
De dimensiones delineadas,
De pasiones incontables,
Un todo, de todo,
Un todo de mi ser.

lunes, 14 de febrero de 2011

Recuerdo de amor en un día de guerra

Brillaba en el sol, un resplandor enceguecedor;
Brillaba esa flecha que yacía inerte en el suelo,
Brillaban los campos en escarlata,
Con rojo fulgor,
Mezcla de sangre y sudor.

Brillaba desnudo en mi mente,
Así como una campana los domingos por la mañana,
Tu recuerdo, tu perfume,
Tu amor en los días de verano,
En la helada escarcha,
En los campos durante las cosechas,
En la cama entre mis manos.

Brillaba fugaz,
La vida ante mis ojos,
Brillaba asimismo entre unas rocas un cráneo roto,
Sentía la sangre en mi pelo,
Sentía tu piel en mi pecho,
Regalo de la vida,
Frondosa jungla de pasión,
Persona que hoy me trae los recuerdos de este amor.

Brillaba en el alba,
Tu alma en mi mente,
La guerra que sigue,
El general que nos miente,
Y sin embargo heme aquí,
Sentado entre muerte y dolor,
Sentado entre el avaro capricho de reyes y monarcas,
Sentado en un trono de huesos rotos,
En una roca olvidada en el olvido,
En un campo donde crecía todo;
Pasto, musgo, yuyo, azucenas,
Hiedras, girasoles, niños.

Brillaba con calidez,
En un campo donde ahora la muerte alquila alas mas grandes,
Porque las que tiene no le alcanzan,
Su trabajo le toma más días,
La duda de pensar,
Que en el resto del mundo no hay más muerte.

La muerte esta ocupada,
Donde brilla el sol radiante,
Tu amor en mis venas,
Tu calor en mi piel,
Tu recuerdo en el alma,
Tu ser y mi ser.
Así pasó un día más,
Un día donde el recuerdo,
Me convierte en algo mortal,
En algo que vive por alguien,
Que consigue su fuerza del recuerdo del amor,
Y no de un filoso mandoble…

Brilla el sol y es mediodía,
Brilla el sol, más radiante,
Y como soldado que soy,
Salgo a ganarme el pan de cada día,
Salgo por ella,
Para volver a ella,
Para darle vida a ella,
Y mientras que medito entre choques de armas,
Brillas, como el sol o aun más que el astro,
Porque mi corazón aun más te anhela,
Porque te a pesar de todo, yo, te amo.

domingo, 13 de febrero de 2011

Soneto a la Literatura


Miedo, opresión,
Dolor, limitación,
El vacío en mi pecho,
Una sombra en el corazón.

Desdicha  y soledad,
Un silencio abismal,
La nada entre renglones,
Mi feroz enemigo mortal.

Esa muy bien sé,
Que no es mi literatura;
Ella siempre fiel me alejo de la locura.

Me plagó de mil recuerdos,
Emociones, placeres y para todo, gran soltura,
Por tanto hoy yo recito que NO es para mí la literatura.

martes, 8 de febrero de 2011

Sin Titulo....Tarea del profesorado Nº 3

Una tarde negra, en sus últimos momentos, el joven que estaba moribundo tras la sangrienta batalla, separó la destrozada armadura de su pecho y ahogándose en sangre sintió las primeras punzadas sacudidas precursoras de la helada.
     En su mente danzaban vivaces los recuerdos más memorables de su corta vida; rajó la mascara de un general colérico, con una espada mellada con la carne de sus victimas, vio la muerte en los ojos de sus enemigos, con el placer que de niño sentía al corretear en los prados, y bautizó el yelmo que lo salvó un centenar de veces con el dedo quebrado.
    En el desierto volcán exhaló sus últimos suspiros, lo cubrió la noche, y con el tiempo el polvo, las cenizas y el olvido. Murió sin nombre y sin gloria, así se volvió el aguerrido joven un montículo perdido de tierra.